Parece que los japoneses inventaron una maquina de besos. Si, ya se, fue hace tiempo. Pero me tomó tiempo a mí procesar esta invención.
“Che… ¿si hacemos una máquina para chuponear?”. Valiente el que lo dijo, no debe haber sido fácil.
La idea es que tenés un dispositivo con una pajita conectado a la computadora. La gracia es que el bichito capta tus movimientos de lengua y la otra persona (que tiene que tener el mismo aparato) percibe los estímulos.
Ok, entiendo que si tenés a tu noviecita en la selva del Congo - donde obviamente hay Wi-Fi - y su ausencia te angustia, necesitás manifestaciones de afecto. Lamentablemente no te alcanza con mandar y recibir emoticones con caritas ruborizadas y corazones (no estoy menospreciando su profundidad emocional), por lo que necesitás una demostración un poquito más física.
Espero que esta haya sido la razón del que pensó en la maquina de besos. Quiero aclarar que no sé si quien tuvo la magnífica idea es hombre o mujer; no sé el sexo, pero definitivamente no estaba teniendo mucho. La mente podrida es unisex, no obstante voy a hablar en términos masculinos porque se me hace más fácil escribir. No se sientan discriminados queridos lectores, todos tienen mente podrida por igual.
Continúo. Si el móvil es la noviecita en la selva, tolero un poco más la compra y el uso de este objeto. Pero si es por pura holgazanería; si sos tan bolas tristes que no te da para invitar a la minita al cine, debo decir que me decepciona la influencia tecnológica en tu vida. ¿Tanto te duelen las piernas que sos físicamente incapaz de transportarte hasta un punto intermedio donde encontrarte con dicha joven para intercambiar fluidos bucales? ¿Preferís chuponear por internet?
Si, claro, hoy en día el tiempo es oro. Pero con lo que debe salir el invento este, es preferible tomarse el tiempo de subirse al ómnibus, ir hasta el lugar y concretar. Te queda un sentimiento de deber cumplido, porque hiciste el esfuerzo. ¡Y solo pagaste dos boletos! En cambio si es todo vía internet te deja un sentimiento de… no sé como decirlo… QUE SOS UN PELOTUDO.
Suponiendo que este aparato se esparciera por los continentes, se nos crearía un problema. Se tendría que volver a definir la palabra achurar. Las líneas entre achurar y no achurar serían difusas. “¿Y achuraron?” “Sssss… Si con achurar te referís a que puse mi boca en un aparato electrónico y ella desde la comodidad de su hogar captó los estímulos, entonces sí, achuramos”.
Que poco romántico. Eso parece ahora obviamente, en un futuro quizás es híper mega apasionado darle besos a una máquina y, si mientras están “besándose” le mandás una foto de un caniche retozando en el pasto, es amor. Pero si llegás a mandar un corazoncito, o le decís que se baje una canción de Arjona del Ares porque se la dedicás, estás presionando mucho a tu pareja y es probable que se empiece a preguntar a dónde los está llevando la relación.
Cómo alguien podría considerar digno de película romántica la foto de un perro, sin siquiera ser su dueño, supera mi comprensión. Pero sobrepasa mucho más mi entendimiento la máquina de besos. ¿Quién en su sano juicio le da besos a un cacho de metal? Si, si, hay una persona al otro lado, pero VOS te estás chuponeando a un objeto inanimado. Es como una muñeca inflable pero sin siquiera simular ser humana. Dentro de poco voy a ficharme a mi microondas y considerarlo un posible touch and go.
Empezás a darte cuenta que tenés que iniciar terapia cuando tus mejores acompañantes para un sábado a la noche tienen escrito MADE IN CHINA. Y te gusta.
Así que si te interesó el aparato, y estás buscándolo en Ebay para ver si tiene algún tipo de descuento, hacé el favor de ahorrarte la plata y empezá a ir al psicólogo.
No sé, digo yo.