La lluvia tiende a hacerlo más meditabundo y filosófico a
uno. Pero yo en lo único que puedo pensar es en comer gramajo. Lo increíble del
gramajo es que siempre que estoy en un contexto donde no hay comida y se presta
para comer yo siempre tiro ésta: “Cómo estaría comerse tremendo gramajo ahora,
¿no?”. Pero, paradójicamente, nunca como gramajo. Nunca se llega a completar mi
deseo. Perfectamente podría ir a cualquier bar o restorán y pedirme un buen
gramajo, pero… por alguna razón nunca lo hago. Algo me lo impide siempre. Es
una utopía. La utopía del gramajo.
La puta madre, ya me puse filosófica. Es lo que hace en uno
la lluvia… ¿o el gramajo?
Además, los vidrios empañados le dan un aire más místico al
mundo. Me entro a preguntar cosas… ¿Qué onda con los zócalos? ¿Para qué están? Y,
¿qué sentido tiene el adjetivo “bien parecido”? ¿Se usa solo en personas? ¿Y
para qué? “Él es bien parecido” ¡¿Bien parecido a quién?! ¿A Cacho? ¿A un ente
al que todos usamos como referencia para comparar con otras personas?
Y por supuesto que me
genera la inentendible necesidad de poner en las redes sociales que,
efectivamente, está lloviendo. Sí, sí, señor. Que no cunda el pánico. Miré por
la ventana y no hay duda alguna. Eso que cae del cielo es lluvia. Quédese
tranquilo, no es el vecino tirándole un balde de agua por hacer barullo: es el
agua que cae de las nubes. Si alguna vez estudió el ciclo del agua en la
escuela el tema de que se mojen las cosas y el cielo esté gris no le quitará el
sueño.
¿Qué clase de hongos eran los que comía Mario? ¿Por qué los
hombres van solos al baño? ¿Las pulseras Power-Balance son una religión? ¿Qué
es tener cara de pocos amigos? ¿Hasta cuántos amigos se considera pocos? ¿Y
cómo sería la cara de muchos amigos? ¿De qué país son las personas que hacen
doblajes de películas? Se meten estas preguntas en mis acciones diarias, si
está lloviendo. O si estoy en la ducha. Después de todo fue en la ducha que
Arquímedes dijo “¡Eureka!”, y capás que Sócrates dijo “Solo sé que no sé nada”
cuando se ponía champú.
Dios, no paro de pensar en gramajo. Quizá de esto saco una
teoría revolucionaria que cambie al mundo… se titularía: “El gramajo como
utopía”. Dentro de muchos años en escuelas y liceos se va a dar este tema como
definición de utopía. Y estudiantes universitarios van a basar sus tesis en mi
razonamiento de un domingo lluvioso del mes de junio. Y en los restoranes
cuando uno pida gramajo, el mozo le va a gritar al cocinero “¡Una porción de
utopía con mucha panceta!”.
Y no sé cómo terminar el texto porque paró de llover… Si
lloviera gramajo, ¿pensaría en tomar agua cuando llueve?