Mi nombre es Sofía Bentancor, y en mi tiempo libre me gusta escribir sobre política... Bueno, no. Pero sobre temas igual de importantes. Si te interesa tener evidencia de que hay gente igual o más demente que vos, te recomiendo que me leas... o no. Mejor no te recomiendo nada, después me vienen a acusar de mala influencia y se pudre todo. Sé libre. Yo no te dije nada.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Productos de limpieza

Hoy estaba tranquilamente leyendo La Biblia como todas las mañanas, cuando noté una mancha en el techo. Casi colapso del terror que me provocó, pero por suerte con un poco de hipoclorito y diez minutos inhalando y exhalando, se solucionó mi problema. ¡Qué suerte que están los artículos de limpieza!: mi existencia gira entorno al agua jane. Me sale una cana cada vez que veo una mancha de café en una remera. Y ni hablar de las pastillas de inodoro. Estoy mas de diez minutos en el supermercado intentando elegir la mejor, tomando en cuenta precio, diseño y calidad.

Volviendo al tema de las manchas, tomemos el caso de Mr. Músculo. Por lo que tengo entendido es un superhéroe, un superhéroe de la limpieza. No se puede pedir más, en estos tiempos lo que toda mujer necesita es alguien dispuesto a luchar contra la grasa. Mis preguntas más filosóficas derivan de manchas y problemas de limpieza. ¿Qué mancha será? ¿Qué sentido tiene que limpie si después se va a ensuciar de nuevo? ¿Hay vida después de una mancha de aceite? Y allí viene este hombre hecho en 3D (porque no había actor cuya performance fuera tan veraz) a salvarme la vida con una botellita de anti-grasa. Y ahí mismo, ahí nomás, entiendo el sentido de mi existencia. Todas las dudas -¡PLAF!- se van. Esas son el tipo de cosas que te dan ganas de vivir, ¿no? Saber que vas a poder lavar la cocina. Me pasa muy seguido que estoy en una reunión con amigos y no puedo ver la hora de llegar a casa y disfrutar de una velada con mi amigo el detergente. Porque sé la Cleaning party que me espera en la cocina. Si, Cleaning party, es más distinguido si es en inglés. Y cuando llego, y veo los platos en la pileta, me brillan los ojos. Tengo el cálido sentimiento de que si hay algún problema está Mr. Músculo ahí en la mesada, dispuesto a rescatarme, siempre a mi lado.

¿Y quién está ahí para rescatarme de los monstruosos gérmenes? Lysoform, desinfectante. En mi casa nos lavamos las manos y los dientes con Lysoform, porque nunca se tiene demasiado cuidado. Los sábados toca limpieza, y a las seis y media cuando canta el gallo, estamos todos con boqueras y guantes de látex, prontos para bañar la casa de desinfectante hasta el último recoveco. Según las propagandas, si un niño acaricia a un perro, se va a contagiar de un virus mortal que va a hacer que se le derrita la piel y le salgan los sesos por la boca, por lo tanto, si te preocupa la vida de tus nenes, ¡BAÑALOS EN LYSOFORM! Sí, puede que el olor les haga mal, quizás les pudra el cerebro, pero vas a estar tranquila de que no se les va a deshacer la piel. Mejor estúpidos que sucios. Ahórrese toda la plata del seguro médico y gástela en desinfectante.

Me enteré que un director de cine independiente decidió hacer un documental mostrando la historia desde ambos lados: humanos y bacterias. Su intención es poner una mirada objetiva en el asunto. Pero quiere ser objetivo porque le viene bien a él. Por supuesto que yo no lo voy a mirar, es pura propaganda anti-agua jane, ¡pero no voy a caer! Se que todavía hay gente que entiende la importancia de un domingo en familia lavando los pisos y matando gérmenes.

Las propagandas terroríficas, que harían que Freddy Krueger se meara encima, mostrando insectos y bacterias malignas cuyo único propósito es invadir tu casa y matar a toda tu familia, son tan realistas que cuando veo que viene una, me levanto y me voy. No tolero ese grado de morbo. Y las que te muestran la mesa sucia de salsa de tomate, café Y azúcar. ¡Mi pobre cuerpo no puede tolerar esas imágenes! Esos reclames deberían venir con un cartel de: ADVERTENCIA, esta propaganda contiene escenas que incluyen distintos tipos de manchas, se pide la discreción del televidente.

Estuve pensando… como se acerca el fin del mundo, si quiero sobrevivir tengo que comprar más hipoclorito. ¡Ya me imagino lo que va a ser la desesperación de la gente por lavar los trapos sucios!

Mierda, no fue muy inteligente escribirlo, pero lo dicho, dicho está. O escrito. Podría borrarlo… Esta bien, no lo borro, pero vos no me robes el hipoclorito.