Mi nombre es Sofía Bentancor, y en mi tiempo libre me gusta escribir sobre política... Bueno, no. Pero sobre temas igual de importantes. Si te interesa tener evidencia de que hay gente igual o más demente que vos, te recomiendo que me leas... o no. Mejor no te recomiendo nada, después me vienen a acusar de mala influencia y se pudre todo. Sé libre. Yo no te dije nada.

viernes, 8 de marzo de 2013

Día de la mujer


Hoy me levanté sintiéndome especial y no sabía por qué, hasta que me llegó un mensaje de Ancel deseándome un feliz día. Me sentí única, irrepetible, inigualable; como millones de mujeres. Ahí fue cuando me dije: “Chau, es el día de la mujer. Hoy es mi día. Con razón tengo este sentimiento de alegría y un positivismo casi molesto”. Así que salí con altas expectativas, como si fuera mi cumpleaños. Esperaba que la gente me parara en la calle para felicitarme por haber salido mujer, pero nada. Pensé que iba a haber algún descuento por tener tetas, pero no. Creí que alguna persona me iba a preguntar algo como: “¿Y qué sentiste cuando te enteraste que eras mujer?”. Y… mirá, no mucha cosa. Miré para abajo y no había nada. Pensé que se habían confundido y en vez de cortarme el cordón umbilical, me habían cortado el asunto. Viste las cosas que pasan cuando uno se distrae un poco. Nunca corras ni traigas a luz a un bebé con tijeras.
Igual nunca estuve cien por ciento segura de mi sexo hasta que me perforaron las orejas. Ese día milagroso que salí con caravanas, comprendí cuál era mi destino. No sé si decirte que me copó: cuando sos un bebé y no hay juguetes disponibles, supongo que es más divertido ser varón y poder hacer de cuenta que tenés un joystick. Y es más divertido mear si podés apuntar al adulto que te está cambiando el pañal. Pero dejando eso de lado, estaba bastante cómoda con lo que me había tocado.
Hoy en día, en el único momento que quiero ser hombre es cuando me estoy meando y no hay ningún baño a la vista. Injusticias anatómicas.
Ta, igual me sentí orgullosa de mi sexo todo el día. Salvo cuando vi un cartel de Activia.  
¡Feliz día de la concha!

domingo, 3 de marzo de 2013

No sé qué escribir


No sé qué escribir, la puta que me parió. Perdón mamá. Así que voy a escribir sobre escribir. ¡Ven a mí, inspiración! Ya inspiré y mis pulmones se llenaron de aire. Hablando de respiración, tendría que aspirar, el piso esta excesivamente mugriento. Tan mugriento que estoy pensando en no caminar en medias. Pero me encanta caminar en medias, especialmente porque soy la única en la casa que lo hace, me da una sensación de rebeldía. No, rebeldía no; originalidad. Dentro de los parámetros de las cuatro paredes de mi casa, claro está. Todos tenemos nuestros límites.
Escribir sobre escribir. Ahora no tengo más ganar de escribir sobre escribir, pero me embola tener que subir un párrafo con el mouse y borrar la frase que decía de qué iba a tratar el texto así que voy a escribir muchas veces la palabra escribir y sus sinónimos para dar la sensación de que en este párrafo estoy evidentemente profundizando en el tema que presenté en el primero, cuando en verdad solo estoy divagando. No es que me moleste escribir sobre redactar (o redactar sobre escribir), pero con mis conocimientos de lo que es escribir podría pasar horas y horas en frente a la computadora mirando una mosca caminando por el monitor, más específicamente sobre la hoja de Word, atraída por la luz o el adsl. Ahora no hay una mosca en la pantalla, lo que me impide no escribir sobre escribir mientras intento escribir sobre escribir, sabiendo que voy a fallar en el intento. Así que me resigno a seguir tipiando ya que no hay mosca que me salve. Pero yo quería escribir, por lo que no me puedo quejar mucho de la ausencia de mosca, ya que está ayudándome a escribir sobre lo que su ausencia me provoca.
Siguiente párrafo. Ejem, ¿de qué hablo ahora? Hay que llenar espacios, demasiada presión. Me siento un cirujano cardíaco que perdió el corazón del donante en el 104 y llega a la sala de operaciones con un “no saben lo que me pasó”. Por supuesto que ese contratiempo se puede solucionar con un poco de sentido común, un corazón de vaca y un “Señora, lo siento tanto, no soportó la operación...”. Pero mi problema requiere imaginación, de la cual carezco en este momento, o la capacidad de payar, la cual está tomando las riendas de este texto.
Creo que este va a ser el ultimo párrafo, tengo la sensación de que se está apagando la lucecita del paye. Se debilita, me tengo que apurar. ¿Qué comentario puedo agregar? Algo que resalte lo tratado en lo escrito…
A la flauta que soy deforme.