Si se está prendiendo fuego, tenga la
amabilidad de alejarse de la multitud para que su torpeza no provoque
cremaciones masivas.
Póngase protector solar, el sol está
que pica.
En caso de lluvia de meteoritos, use
paraguas.
Grite, grite mucho y corra en círculos
en la vía pública para causar pánico a los transeúntes y hacer
del apocalipsis uno más hollywoodense.
Átese bien los cordones de los
championes.
Use championes para poder huir de
tsunamis y extraterrestres con láseres.
Agregue como amigo en Facebook a un
extraterrestre y establezca una amistad que le asegure protección
durante el apocalipsis.
Compre una propiedad en la luna, el
tema del oxígeno déjelo en manos de las corporaciones.
Si alguien se le adelanta e intenta
robar el mismo banco que usted a- mátelo b- hágalo su
compañero apocalíptico, después de todo, ya sabrá usted que los fines
del mundo son muy solitarios y no querrá terminar hablando con una
pelota de volleyball.
Ah, robe un banco.
Con los tsunamis y huracanes que va a
haber este 21 de diciembre, puede agarrarse un catarro de la masita:
use Vick VapoRub y cómprese caramelos de miel y guaco.
Use como escudo humano a Arjona,
Ricardo Fort, Tinelli, el que inventó Pare de Sufrir y los
supositorios, y contribuya a que la raza humana post-apocalíptica
prescinda de la boludez y el sadismo.
Si decide tomar el camino rápido y
suicidarse, asegúrese de que la soga con la que se ahorcará sea lo
suficientemente resistente, no sea cosa de que se rompa y usted pase
un papelón que encima suban a Youtube. Si considera que esto es muy
mainstream, tírese de un edificio intentando apuntar a algún peatón
desprevenido: si se va al más allá por lo menos diviértase
mientras lo hace.
Estudie con cuidado a sus amigos y
determine cuáles son los más aptos a sobrevivir al fin del mundo.
Una idea para descartar a los rezagados: instale cámaras ocultas en
un cuarto, y en una mesa coloque una cuchilla, un tenedor y un kilo
de asado. El que logre agarrar la cuchilla primero y se corte el
pedazo más grande es el elegido. Si reparte equitativamente es un
marica.
Hágase una lista de reproducción con
temas dignos de escuchar en el día del juicio final. El fin del
mundo necesita su propio soundtrack.
Compre forros y pínchelos. Trate de
tener relaciones con la mayor cantidad de mujeres con el chamullo de
que se acaba el mundo. A las minitas les encanta. De esta manera no
solo se asegurará un polvo apocalíptico, que no es cosa de todos
los días, sino que tendrá mayores posibilidades de que sus genes
perduren luego del juicio final.
Si usted es mujer, no se fíe de los
hombres que le ofrezcan tirar una cana al aire.
En la playa, empuje al agua a las
señoras que se paren en la orilla... porque pinta.
Mámese hasta las patas, le va a doler
menos el final y, mire el lado positivo: ¡no va a tener que pensar
en la resaca del día siguiente!
Si llega a haber apagón como andan
diciendo en las redes sociales, no vale la pena ni intentar vivir:
ignore todos los consejos anteriores pues no podrá subir fotos de
usted aplicando los tips para un fin del mundo ameno. Y lo que es
peor, nadie le pondrá “me gusta” ni “jaja, qué capo” y
seamos honestos, ¿quién quiere vivir en un mundo así?