Fiebre. Si estás en la escuelita es LA excusa para faltar y dormir toda la mañana, es más, estoy segura de que muchos cuando eran escolares hacían lo imposible para enfermarse para no ir a la escuela. Alguien estornuda y el nene va e inhala tooodos los gérmenes despedidos por la nariz del resfriado, con la esperanza de un día menos en la escuela. ¿Quién diría que un estornudo podía alegrar corazones? Es muy poético; la mierda ajena sirve para beneficio propio. Corrección, los mocos ajenos. El ¡AAAAACHÚS!, era música para los oídos escolares. Típicamente, en un salón de clase, los alumnos intentan estar en contacto con la posible fuente infecciosa. Al estornudar dicha persona, se puede ver como automática y espontáneamente, todos a su alrededor se le acercan. A los diez minutos ya se ven unos cuantos que se están fijando a ver si presentan algún síntoma, y la decepción de los que tienen las defensas altas porque la mamá los hace tomar Actimel.
Cuando era pequeña, en la época de la varicela, todos mis compañeritos faltaban porque se la habían agarrado, y yo esperaba como una infeliz mi turno. Pero no llegaba, no me contagiaba de nadie la estúpida varicela. Todos hablaban de cómo se habían querido rascar y del tamaño de las ronchas que habían tenido, pero yo estaba excluida de ese grupito. No podía compartir mi experiencia ya que la varicela había decidido pasarme de largo. Era una marginada, vagando por una clase donde solamente yo no había tenido la enfermedad del momento. Me sentía como si me hubiera salteado una moda ultra top, de la que todos formaban parte menos yo. Sola, completamente sola en mi banco, con un vacio interno que solo una cajita feliz podía llenar. Me tengo que tomar un minuto, este tema siempre me pone muy emocional.
Evidentemente, luego de comprender dónde estaba parada, pude tomar ventaja de mi situación. ¿Cómo? Bueno, primero que nada, mis padres me dieron la vacuna contra la varicela, por ende nunca iba a tener la enfermedad fashion. Así entendí que lo que me diferenciaba de mis amiguitos me hacia superior. MUAHAHAHA. Allí fue cuando me cerró todo. El destino no quiso que yo tuviera varicela porque tenía una misión para mí. ¿Cuál era? Ser diferente, ser venerada por seres virulentos. Iba re canchera diciendo: “no, boludo yo no tuve varicela y nunca la voy a tener” y notaba la admiración de mis pares ya no tan pares porque yo era mucho mejor. Mi profesión se definió allí mismo: dictadora. Soy consciente de que hay más gente que no tuvo varicela nunca, y si estoy en lo correcto y el razonamiento de estas personas fue el mismo que el mío, todos terminaron siendo dictadores. Franco, Hitler, Mussolini, Bordaberry, todos ellos niños con carencia de varicela.
Moraleja, moraleja: si te sentís excluido porque carecés de algo que otros tienen, la realidad es que sos superior, así que hacé algo con lo que tenés: dominá pueblos, ciudades, continentes o limitate al salón de clase. Que se arrodillen ante tu presencia todos los energúmenos que tienen el honor de que los uses como apoyapiés.
Jajajaja Muy bueno!!! Todavía me sigo riendo jajaja ... O sea que nuestro destino es conquistar el mundo!!!
ResponderEliminar