Mi nombre es Sofía Bentancor, y en mi tiempo libre me gusta escribir sobre política... Bueno, no. Pero sobre temas igual de importantes. Si te interesa tener evidencia de que hay gente igual o más demente que vos, te recomiendo que me leas... o no. Mejor no te recomiendo nada, después me vienen a acusar de mala influencia y se pudre todo. Sé libre. Yo no te dije nada.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Querido lector


Hola, querido lector. Hoy quiero cambiar mi enfoque. Mis textos siempre se tratan de mí, lo que me hace quedar como una adolescente egocéntrica que escribe minianécdotas o viajes mentales como si usted, querido lector, fuera mi diario íntimo, cargando con mis ideas o falta de ellas. Al final qué más le provoca esto a usted que sobredosis de… bueno de mí. Así que desde ahora hasta el punto final de este texto voy a tratar de que usted no tenga que cargar con el peso de tener conocimientos privados, secretos y confidenciales de mí. No mencionaremos mi dolor de cuello, mis pasatiempos ni mis pocas ganas de continuar escribiendo porque me parece aburrido el tema presentado. No, aquí hablaremos de lo que a USTED le pasa. Se presentarán sus dudas, problemas, molestias cotidianas, opiniones y  adoración hacia todo lo que mi persona representa.
Claramente se sentirá identificado con este texto porque bueno… habla sobre usted. Allí, sentado frente a la computadora, dudando si comer o dormir. Está buscando algo aquí que lo reconforte, que lo haga sentir menos solo. Es todo una ilusión, por supuesto. Usted está más solo que el uno pero como quiere sentirse mejor continuará leyendo para encontrar alguna clase de apoyo, una palmada en la espalda, un “¡Vamos, chaval, que la vida es bella!”. Siga pues.
¿Tuvo un mal día? Quizá se levanto con la alarma insoportable de todas las mañanas, esa que odia desde el fondo de su corazón pero nunca se digna a cambiar porque le da seguridad a su rutina. ¡Pero buen día! Hoy es miércoles, hay que ver el vaso medio lleno de fin de semana. Agradezca que no sea lunes. Véalo como un día menos de tortura académica y/o laboral en su vida. Se preparó el café con leche, se olvidó de sacarle la nata y se quejó con numerosos “la puta madre”. Pero todo esto pasa y usted, luego de decidir qué ponerse, se toma el ómnibus. Si usted usa auto, manéjese. Soy tan ingeniosa con mi uso del vocabulario castellano. Perdón, seguimos con usted. En la quinta cuadra se acuerda de que ayer se olvidó de subir a Facebook una foto y dedicatoria a su gatito siamés Mishu en su cumpleaños. No se lo puede perdonar. Para la décima cuadra ya se lo perdonó, aunque todavía duda de que Mishu lo pueda hacer. No importa, subirá una felicitación muy tierna pidiéndole disculpas por el atraso. ¿Le duele algo? ¿Tiene sueño? Tal vez se sienta mejor pensando que puede dormir luego de cumplir el deber del día. O cumpliéndolo. Excepto si trabaja o estudia en algo relacionado con medicina: no quiero que me mate.
Sé que le gusta que le hable así, sin tutear, con respeto. O tal vez se siente viejo cuando lo respeto demasiado. O quizá le es indiferente. Soy muy perceptiva. Siempre me dicen: “Bentu, sos muy perceptiva”. Y es verdad, estoy segura de que se siente de alguna de estas formas.
Me estoy aburriendo de hablar de usted. Francamente, su vida es un bodrio. Sería mejor hablar de la mía. ¡No, Bentu! Hay que hablar de otros.  
Bueno, llegó a su hogar luego de una jornada dura, pronto para descansar. Pero al abrir la puerta de su cuarto, una mano extraña lo toma por el cuello. “¡Son ladrones!” –piensa usted. Pero no, son asesinos a sueldo con motosierras y sables (dejo un margen de libertad en cuanto al arma utilizada porque la vida de usted, lector, no es igual a la vida de usted, otro lector, y a todos nos pasan cosas distintas). Le amenazan de muerte. Sí, fueron contratados por mí. Estoy tratando de darle un poco de emoción y adrenalina a su vida porque es un embole de escribir. Pero ahora tiene una anécdota entretenida para contar en fiestas y reuniones con familia o amigos.
Evidentemente se salva de los asesinos a sueldo y se va a dormir pensando que la vida es bella y que hay que disfrutar cada momento como si fuera el último (lo saqué de una tarjeta de supermercado).
Espero que entienda, mi querido lector, que este texto que refleja como espejo que recién le pasaron limpiavidrios su vida, le deja una moraleja: contrate asesinos a sueldo para darle chispa a la vida.  
Ahora volvamos a hablar de mí...

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