Hoy me levanté sintiéndome especial y no sabía por qué, hasta que me llegó un mensaje de Ancel deseándome un feliz día. Me sentí única, irrepetible, inigualable; como millones de mujeres. Ahí fue cuando me dije: “Chau, es el día de la mujer. Hoy es mi día. Con razón tengo este sentimiento de alegría y un positivismo casi molesto”. Así que salí con altas expectativas, como si fuera mi cumpleaños. Esperaba que la gente me parara en la calle para felicitarme por haber salido mujer, pero nada. Pensé que iba a haber algún descuento por tener tetas, pero no. Creí que alguna persona me iba a preguntar algo como: “¿Y qué sentiste cuando te enteraste que eras mujer?”. Y… mirá, no mucha cosa. Miré para abajo y no había nada. Pensé que se habían confundido y en vez de cortarme el cordón umbilical, me habían cortado el asunto. Viste las cosas que pasan cuando uno se distrae un poco. Nunca corras ni traigas a luz a un bebé con tijeras.
Igual nunca estuve cien por ciento segura de mi sexo hasta que me perforaron las orejas. Ese día milagroso que salí con caravanas, comprendí cuál era mi destino. No sé si decirte que me copó: cuando sos un bebé y no hay juguetes disponibles, supongo que es más divertido ser varón y poder hacer de cuenta que tenés un joystick. Y es más divertido mear si podés apuntar al adulto que te está cambiando el pañal. Pero dejando eso de lado, estaba bastante cómoda con lo que me había tocado.
Hoy en día, en el único momento que quiero ser hombre es cuando me estoy meando y no hay ningún baño a la vista. Injusticias anatómicas.
Ta, igual me sentí orgullosa de mi sexo todo el día. Salvo cuando vi un cartel de Activia.
¡Feliz día de la concha!
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